Hace pocos días, un grupo de amigas (entre ellas un chico), me preguntaron si estaba a favor del “miembras” de la sra. Ministra o no.
Yo les contesté, y ellas (en femenino porque la mayoría eran mujeres) me escucharon con atención, que sí. Que también hubiese utilizado el término inventado a pesar de las normas lingüísticas.
Me justifiqué diciendo que por un lado lo hubiese hecho para continuar visibilizando una actitud progresista por parte del poder público vigente a la hora de expresarse, y por otro, reconozco que lo hubiese hecho desde lo más íntimo de mis sentimientos para provocar al personal machista latente que no se percibe socialmente como tal y hacer que se descubra ante mis ojos. Aquel personal que yo considero machista pero que él mismo no se considera como tal, no me refiero al más beligerante sino al más cotidiano y tranquilo. Aquel que no es consciente pero que con estas expresiones se descubre por sus resistencias sutiles, y así brindarme la ocasión de abalanzarme sobre él con los argumentos que todos los hombres por la igualdad conocemos.
Estos argumentos los expliqué con dos ejemplos. Uno, por el hecho de adecuar el vocabulario a las personas y no al revés es de cuando en el 92 mi ciudad natal celebró las fantásticas olimpiadas. Recuerdo que, como me contó mi profesora de lenguaje no sexista ni androcéntrico, se creó por los juegos el colectivo de jóvenes voluntarios olímpicos, y a partir de entonces se utilizó de forma genérica la palabra “voluntariado” para poder incluir a ambos géneros en un mismo término y no fuese el masculino plural como es tradicional. Y el otro ejemplo, y para poder utilizar el miembras y no el “miembrado” es por el hecho de que miembro es sinónimo en espacio coloquial de pene. Miembras, al pasarme al lado femenino, me podría servir entonces como un indicador del nivel de inmovilismo machista de nuestra sociedad patriarcal. Como miembro puede significar pene, y como el pene es aquello del cuerpo masculino considerado como lo más sagrado y de mayor honor para un pensamiento bien machista, tocar, modificar, invisibilizar o peor aún; feminizar es un auténtico pecado, sacrilegio o infamia de las más innombrables de la historia. Así pues, al provocar miembras esa humillación y tabú machista tan y tan capital significa que cuánto más escándalo como reacción, mayor indicación de machismo interno en los miembros y miembras de nuestra sociedad. Con expresiones como miembras, comprobamos según la reacción cuán de machista es la realidad. Nos damos cuenta con cuanto machismo es con el que hemos topado.
Adelante Ministra, no dude que aunque son bastantes otros estamos con usted!!!
Bernat
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